INICIOLO DE DEJAR TWITTER

Hace tiempo que dejé de participar en redes sociales, pero no basta con cerrar los ojos para que desaparezcan. A través de la prensa y lo que comenta la gente sigo estando al día de lo que pasa en las diferentes plataformas. Por eso sé que hay una nueva oleada de gente que abandona indignada Twitter, ahora X.

No me parece relevante recordar el motivo. Que la gente 'abandone' una red social por algo ha pasado, pasa y seguirá pasando. Siempre hemos dejado de ir a un bar, una tienda, un pipican o cualquier otro lugar por un motivo que luego olvidamos. Twitter no iba a ser menos.

Sí recuerdo que yo dejé de 'ir' a las redes sociales por desinterés. Al principio, me enganché porque podía conocer gente con inquietudes similares (los nerds éramos mayoría) e interactuar con personas a miles de kilómetros que hacían cosas molonas. Luego, se masificaron y se convirtieron en una cena de empresa; el típico evento que parece importante, pero no es más que una reunión incómoda. Entonces, me aburrí y me fui.

En cambio, la gente que abandona Twitter estos días piensa que hace algo significativo. Pero, dejar Twitter, no es más que un cambio de costumbres personales. Entiendo que hay una distorsión cognitiva porque lo hacen más personas en tu círculo, y se han hecho eco medios interesados en recordar que Twitter sigue siendo importante.

Conviene recordar que, cuando los medios de comunicación adoptaron Twitter como cámara de eco de sus espectadores y de 'lo que está pasando', incrustaron la plataforma en su funcionamiento y ahora necesitan que siga siendo relevante. Una vez que han conseguido que instituciones, empresas y personalidades públicas lo utilicen para comunicados oficiales, facilitándoles el trabajo y reducciendo costes, no les interesa que caiga. La legitimidad de Twitter proviene de estos usos, la diáspora de algunos usuarios no cambia nada pero es un contenido.

Tampoco debemos perder la perspectiva de que Twitter tiene cerca de 600 millones de usuarios activos al mes y que hay cuentas con más de 100 millones de seguidores (que pueden ser personas, bots o pseudónimos). Estos números parecen enormes si los comparamos con la población de España. Pero cada mensaje, cada interacción, no alcanza estos números; y las que más visualizaciones tienen han sido enlazadas por los grandes medios de comunicación. Cuando dejas Twitter, si no eres Cristiano Ronaldo, solo te echan de menos tu círculo íntimo de amistades cibernéticas.

Así que, abandonar Twitter porque se ha hecho algo que no te gusta, no es más que abandonar la conversación. La plataforma tiene un número de usuarios suficiente como para resistir que una bomba atómica arrase parte de su población. Hemos hipotecado una parte de nuestro debate público y para recuperarla necesitamos que 600 millones de usuarios borren su cuenta golpe (es imposible). Esta es la trama que han tejido las grandes tecnológicas con una barra libre: podemos utilizar ‘gratis’ Twitter, X, Gmail, Instagram, Telegram, WhatsApp, etc. porque el objetivo del que paga nuestras consumiciones es alcanzar una masa crítica de usuarios. Una vez que la plataforma se vuelve 'necesaria' siempre se pueden obtener beneficios. Sabemos que no llega con dejar libre una mesa para que cierren el bar de moda, porque hay gente esperando para ocupar nuestro sitio. Esto es lo mismo.

Lo que deberían plantearse los usuario que dejan Twitter con grandes pompas es que no se puede salvar el mundo volando a otro planeta. Dejar Twitter porque está promoviendo una visión del mundo que te parece dañina es como mirar hacia otro lado. Cambiar las cosas requiere verdaderos esfuerzos, como convivir con otras personas, hacerte cargo de su realidad y encontrar soluciones compartidas.