¿Qué significa votar?

Es común identificar la democracia con el voto, pero votar es solo un método con el que se intenta tomar decisiones grupales de forma equitativa. También es común asumir que la opción que recibe más apoyos en una votación es la ganadora y no solo la mayoritaria. Es conveniente tener en cuenta algunas cuestiones para entender que esto no es así:

  1. La decisión que se te toma a partir de los resultados de una votación tiene un carácter colectivo y, por tanto, afecta a todos los que participan (cuando se acepta votar, se está aceptando que vamos a asumir una decisión colectiva).
  2. La equidad no se consigue con una igualdad sustantiva (cada participante solo tiene un voto), sino con una representación justa de todos, incluyendo a quien no tienen voz (puede haber una opción mayoritaria, pero el objetivo de la votación es tomar una decisión buena para todos los participantes).
  3. Hay diferentes tipos de grupos: una pandilla, una familia, una organización de voluntariado, un equipo deportivo, una empresa, un estado, etc. y cada uno requiere una aplicación diferente del método si lo que buscamos es que la decisión sean equitativa (en una familia con 4 hijos y 2 padres no es equitativo decidir que cada invidividuo tenga un voto cuando se decide quien limpia la cocina, si los padres o los hijos).
  4. Hay diferentes sistemas válidos para organizar votaciones: participación directa, participación por representación, votación ponderada, etc. que buscan optimizar la toma de decisiones respetando la equidad.
  5. Una votación carece de peso normativo, la opción más votada no posee, de por sí, más bondad, verdad o validez que la que se elige tirando una moneda al aire; tanto es así, que la mayoría podría escoger que la decisión se tome al azar.

A pesar de que una votación no tenga un peso normativo (5), es común asumir que la opción que recibe el mayor número de votos es la que gana. No nos parece correcto que la decisión que se toma a partir de una votación sea una de las opciones que no han recibido más votos. Asumimos que votar sirve para establecer las preferencias del grupo, pero, ¿es esto realmente justificable?

Hay diferentes posturas sobre la viabilidad de tal afirmación. Una de ellas se conoce como la paradoja de Condorcet, que tiene una expresión más actual y formal en la paradoja de Arrow. Este planteamiento apunta a cómo las preferencias que expresa un grupo votando no reflejan una gradación ordenada, como sí pensamos que sucede cuando preguntemos a un solo individuo por sus preferencias. La paradoja que se plantea es que los resultados de una votación no expresan propiamente una voluntad unívoca.

La explicación teórica del planteamiento de Condorcet se puede observar en el siguiente cuadro que refleja cómo las preferencias de un grupo de 3 o más sujetos se expresarían solo en “momentos” de decisión:

votante
1 A B C
2 B C A
3 C A B

Imaginémonos que optamos por A; siguiendo el cuadro, esta preferencia no sería coincidente con la opinión de la mayoría porque sería C la que tiene mayor preferencia para los otros 2 votantes. Pero si tomamos C como opción ganadora, el problema es que es B la que representaría mejor las preferencias del grupo. Pero si nos quedamos con B, ¿qué pasa entonces? Esto nos hace ver que, si votasen los 3 participantes del cuadro, el resultado depende de cuándo y qué opciones están disponibles, no es un resultado que exprese propiamente las preferencias del grupo de manera unitaria.

Una explicación menos teórica de este fenómeno es pensar qué pasaría si desapareciese el partido que ha ganado unas elecciones; si, por ejemplo, se ilegalizase: ¿sería justo que fuese el segundo partido más votado el que pasase a ocupar su puesto? Nos puede parecer más correcto que se vuelva a votar y que los votantes del partido ilegalizado decidan de nuevo, pero, ¿en base a qué? Ya han expresado su preferencia y si esta desaparece, ¿no se encuentran en la misma situación que aquellos que votaron en blanco porque no había ninguna opción que les gustase?¿no sería suficiente contar sus votos en blanco y ajustar el reparto de representantes a esta variación en el resultado?

No, no nos parece que esto deba ser así porque nuestra intuición es que la mayoría tiene un significado substancial, refleja una voluntad común, y expresa algo más que un determinado momento en la agenda; si bien, plantear que la votación debe repetirse, supone aceptar que existe una agenda y que los resultados de la votación sí están sometidos a ella en tanto que los cambios que se producen en la misma –como desaparecer una opción– afectan a nuestra participación.

Otra expresión intuitiva de que existe una agenda, es pensar qué pasaría si los votantes que lo hacen por convencimiento ideológico supiesen de manera certera que la presencia mayoritaria de representantes de su corte ideológico depende que voten a una opción que, ideológicamente, no es la que consideran más próxima –el famoso “voto útil”. Esto solo podría darse de manera real si se diese la oportunidad a estos votantes de cambiar su voto tras conocer los resultados de las elecciones; ¿cuántos estaría dispuestos a hacerlo? Este escenario ilustra la razón por la que se prohíbe, aunque no se cumpla, publicar encuestas durante la jornada de reflexión, por ejemplo.

Habituados a ver de una manera simplista la idea de voluntad general o voluntad del pueblo, pensamos en los resultados de una votación como si expresasen las preferencias de un ente individual y no colectivo. Pero, lo cierto, es que un grupo no tiene una única voluntad o preferencia graduada como la que puede tener un individuo, algo evidente aunque nunca pensamos en ello.

Lo peligroso de perder de vista esta circunstancia es olvidar que, en todas las decisiones colectivas que no sea unánimes, se impone un criterio particular a un grupo de iguales que ni desaparece ni debe perder derechos –como podría suceder en el caso de que una mayoría decida imponer una discriminación a una minoría. Debemos tener siempre presente que los que apoyan la opción ganadora están obligados a convencer de que su criterio también es el mejor bueno al resto de iguales, pues de lo contrario querrán abandonar el grupo. Algo que hacemos habitualmente cuando un amigo acepta ir a regañadientes a algún sitio para acompañarnos, aunque no solemos pensar en ello cuando se trata de política.

Siendo conscientes de que las votaciones no reflejan más que un momento de decisión relativo al contexto y a las opciones disponibles, es como podremos entender la melancolía que atribuye Platón al Filósofo-Rey: el que entiende el verdadero significado de ser Rey no querra serlo, porque el puesto supone una gran responsabilidad y no un beneficio personal.

Repito: las votaciones están sometidas a la agenda y quien controla la agenda, controla los resultados; esto lo sabe cualquiera que haya estudiado ciencias políticas y es una base del funcionamiento de la política en sociedades democráticas. Esta cuestión, mal entendida, nos hace pensar que votar es un acto arbitrario cuando, para que no lo sea, la teoría política nos invita a construir una norma que nos permita darle sentido a una votación. Esta es la preocupación con la que surgen la mayoría de las teorías del contrato social modernas al proponer modelos políticos que tomen la igualdad entre los individuos como premisa. La igualdad entre los miembros de un grupo político, como elemento básico a tener en cuenta, es lo que requiere justificar con diferentes argumentos por qué el resultado de una votación debe ser considerado como expresión de lo que quiere el grupo. Dicho de otro modo: justificar que existe una voluntad general estableciendo una norma que de un significado concreto al resultado de una votación.

Y ojo, en realidad, saber que los resultados de una votación no son absolutos es lo que nos permite hacer que el sistema de toma de decisiones en grupo de manera equitativo que llamamos votar, pueda articularse como parte fundamental de un sistema político e identificarse con la esencia misma de la democracia. Si la voluntad general viniese dada: ¿cómo explicar que un dictador no está actuando siguiendo realmente esa voluntad que el pueblo no es capaz de expresar votando? Esto no es un argumento teórico, es el argumento que esgrimen los gobiernos totalitarios.

Entonces, ¿qué nos proponen las teorías del contrato social para justificar que el resultado de una votación nos puede servir como guía para el gobierno de un estado? Esto es un debate abierto con diferentes aproximaciones al mismo[1]. Para ejemplificar cómo se plantea la cuestión, os propongo 3 argumentos sencillos para entender qué nos aporta votar en la toma de decisiones:

  1. Apelar a la competición: Este argumento sería en el que pensamos de manera intuitiva. La decisión que sale ganadora es válida porque todas las opciones han concurrido a una votación con garantías. De este modo, los que han optado por opciones no ganadoras, pueden mantenerse en el sistema a la espera de una compensación que, en el caso de una discriminación racial, por ejemplo, solo se producirá cuando el resto de iguales se sensibiliza con la situación de la minoría y decide votar algo en contra de su condición mayoritaria.
  2. Apelar a la deliberación: Hay una opción que es la elegida y otras que son desechadas, pero como hemos hablado y debatido previamente sobre las diferentes opciones que se presentan a la votación, todos entendemos los motivos de lo que ha sucedido y qué es lo que perderemos y ganamos con la decisión que se toma colectivamente. De manera que aceptamos que se tome una decisión que nos parece equivocada porque entendemos que hay que hacer algo y, a veces, la mayor parte de la gente no piensa como nosotros. Pero la norma ha surgido de un debate público con razones y argumentos del que nos sentimos partícipes y con el que nos podemos identificar.
  3. Apelar a la agregación: El resultado de una votación expresa los intereses que conforman la voluntad general y debemos actuar en consecuencia. Las opciones que obtienen mayor número de votos son las más populares y las que tienen mayor apoyo, pero todo lo que se expresa debe tenerse en cuenta y las medidas que se derivan de la votación deben intentar dar respuesta a todas las opciones presentes. Este argumentos es el que nos plantea Jean-Jacques Rousseau al afirmar que hay que diferenciar entre la suma de todas las voluntades y la voluntad general, ya que la suma de todas las voluntades puede estar equivocada y la voluntad general, que vela por el grupo y su bienestar más allá de las prioridades en las decisiones de cada individuo.

La idea de que los resultados de una votación deben interpretarse por agregación parece que complica y hace más inoperante una votación; pero esta idea sostiene algo que nos parece intuitivo cuando pensamos en cómo se organizan los gobiernos democráticos en los que pocos representantes recogen la confianza de miles de ciudadanos y esperamos de ellos que gobiernen en pro del bienestar general aunque los escojamos votando siguiendo nuestro interés individual. El argumento por agregación expresa la imagen idealizada de cómo serían nuestras sociedades democráticas modernas y por eso se habla tanto del “contrato social” de Rousseau con el que un grupo de iguales decide convertirse en una sociedad concreta o pueblo.


  1. Podéis leer otra aproximación a esta cuestión en la Stanford Encyclopedia of Philosophy cuando se discute el problema del acuerdo en las teorías del contrato social modernas. Aquí encontráis una aproximación como la que os propondré más adelante aunque a Rousseau no se le sitúa en el ámbito de las teorías de agregación, pero eso es un debate académico que sigue vivo y yo lo sitúo ahí porque es a dónde me llevan mis trabajos de investigación sobre el tema. El resto de las diferencias de se deben introduzco el argumento por competición para dar cabida a nuestra idea más intuitiva al respecto, que no suele discutirse en estos debates, y omito las teorías de la negociación y el equilibrio, que tienen un carácter más técnico y que no permiten el debate moral, que es lo que considero relevante para el tipo de formación que tenemos como objetivo en este curso, y queda suficientemente planteado al hablar del acuerdo según mi criterio.