PRINCIPIOS DE DISEÑO 2026

Mi madre nos obligaba a abrir los regalos sin romper el envoltorio. Teníamos que despegar los adhesivos conteniendo el ansia por el nuevo juguete. Para ella, aquellos papeles satinados de colores eran valiosos porque creció sin ellos. Para nosotros, aquel papel quebradizo era un estorbo. Este año siento lo mismo del diseño web: es solo un envoltorio para aficionados.

Yo he tenido la suerte de leer libros bien impresos, fruto de un saber hacer. Libros de cuando se apretujaban los tipos móviles de la Didot o la Baskerville para ahorrar tinta y se cosían las páginas; de cuando no se sangraban los párrafos después de los encabezados y la altura de línea la que marcaba la fuente. Son los libros más bonitos, los que mejor se leen, y en los que la maquetación nunca molesta. Son objetos atemporales que despertaron mi interés por la tipografía.

Hoy, con la imprenta digital de por medio, los libros se han convertido en un objeto frívolo. En los libros que lee mi hijo no hay nada que pueda despertar interés por el continente. Los fundamentos tipográficos del impresor se han reemplazado por el vistazo a un monitor, que no puede mostrar la realidad del papel y la tinta, del maquetador. Una distancia de la que surgen las inconsistencias en la disposición de los elementos, o la elección de fuentes inapropiadas para la lectura impresa. Decisiones que devaluan al libro porque se confunde con unos folios impresos que cualquiera podría juntar.

Si mi interés por el diseño web persigue la atemporalidad de los tipos móviles, es normal estar decepcionado al darme cuenta de que por mucho que maquinemos y hagamos cuentas sobre proporciónes futiles, lo único que mejora la legibilidad de una página web son la calidad de la pantalla y el renderizado de las fuentes. Ninguno de estos elementos está en manos del diseñador.

Además, ya da todo igual. El motivo por el que perseguimos la legibilidad son los lectores, pero la gente ya no lee páginas web. Delegan en algún tipo de ChatGPT que luego se lo cuenta. Estas páginas son solo un soporte de datos. Por eso he decidido escribir para las máquinas y desnudar los textos todo lo posible.

En el futuro puedo recuperar la ilusión, mientras tanto, me quedo con la brutalidad de los defaults.